Judaizantes antiguos y modernos – Fernando D. Saraví

Judaizantes antiguos y modernos – Fernando D. Saraví

Se denomina “judaizar” a la práctica de introducir creencias y prácticas propias de la religión judía en la iglesia cristiana. Se trata de una forma de sincretismo religioso que es la puerta de entrada de diversas herejías.

El pacto con Abraham

La Biblia narra que Abram fue llamado de Ur de los Caldeos a una tierra que Jehová Dios le daría, con la promesa de hacer de él una gran nación, de llegar a ser una bendición para toda la humanidad, de bendecir a quienes lo bendijeran y maldecir a quienes lo maldijeran (Genesis 12: 1-3).

Más tarde Dios estableció formalmente su pacto, cambiando el nombre de Abram al de Abraham y exigiendo la circuncisión (extirpación del prepucio) de todos los varones como señal del pacto (Génesis 17).

Siglos después, cuando llamó a Moisés para liberar a su pueblo que estaba esclavizado en Egipto, Jehová formuló una serie de normas y procedimientos obligatorios para todos los hebreos, que están formuladas principalmente en los libros de Éxodo, Levítico y Deuteronomio. Este código integral que comprende aspectos litúrgicos, médicos, sociales, económicos y políticos se conoce colectivamente como Ley de Moisés o simplemente la Ley. Sus regulaciones eran taxativas para los hebreos y algunas también eran exigidas a los extranjeros.

Los judaizantes antiguos

El primer adversario del cristianismo temprano fue la religión judía, que se apegaba a la tradición oral y rechazaba a Jesús como el Ungido de Jehová 😊 Mesías o Cristo).

Obviamente, el judaísmo y el cristianismo tienen en común su raíz en la revelación del Antiguo Testamento. No obstante, la forma en que el cristiano debe interpretar y aplicar el Antiguo Testamento debe estar ciertamente guiada por la revelación definitiva de Jesucristo y sus discípulos.

Si bien en gran medida el cristianismo y el judaísmo siguieron sus caminos por separado a partir del segundo siglo d.C., durante el primer siglo hubo quienes, por ignorancia u otros motivos, querían incorporar a la vida de la iglesia cristiana normas y prácticas ordenadas específica y exclusivamente para la nación teocrática de Israel.

Mientras todos los miembros de la iglesia naciente fueron judíos – como lo fueron Jesús y los Apóstoles – no hubo problemas en este sentido. Pero cuando el Evangelio fue predicado a personas que no eran judías, en particular gentiles como Cornelio (Hechos 10) se inició la primera controversia doctrinal, que puede plantearse como sigue:

¿Puede un gentil ser cristiano sin antes convertirse al judaísmo?

Un obvio tema crítico era la circuncisión. Si un prosélito (simpatizante del judaísmo) deseaba hacerse judío, debía necesariamente circuncidarse. ¿Debía la Iglesia de Cristo exigir la circuncisión de los conversos no judíos?

Algunos judíos, en particular fariseos convertidos al cristianismo, enseñaban que sí. Pero, basados en lo que Dios les había mostrado, tanto Pedro como Pablo afirmaron que no y Jacobo, quien lideraba la iglesia de Jerusalén, estuvo de acuerdo con ellos en el encuentro relatado en Hechos 15: 1-35. La decisión de los Apóstoles, ancianos y hermanos, guiados por el Espíritu Santo, fue la de no imponer a los gentiles lo que los judaizantes pretendían exigir.

A pesar de la clara enseñanza del llamado “Concilio de Jerusalén”, el problema de los judaizantes no desapareció. Pablo hubo de enseñar claramente la incompatibilidad entre la sujeción a la Ley y la libertad en Cristo en varias de sus cartas, como Romanos (3-5 y 9-11), Efesios 2:11-22 y Colosenses 2:8-3:4, pero en particular en Gálatas, que fue escrita poco después de la decisión apostólica de Hechos 15. Al parecer, los judaizantes habían influenciado fuertemente a las iglesias de Galacia. La respuesta de Pablo es muy severa. Caracteriza a los judaizantes como “falsos hermanos introducidos secretamente, que se habían infiltrado para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús, a fin de someternos a esclavitud” (2:4). Y hasta llega a decir que antes que confundir a los cristianos, sería preferible que los judaizantes se castrasen (es el sentido de “mutilasen” en 5:12).

Recomiendo leer toda la carta a los Gálatas, pero he aquí unas muestras:

¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado? Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne? ¿Habéis padecido tantas cosas en vano? ¡Si es que en realidad fue en vano! Aquel, pues, que os suministra el Espíritu y hace milagros entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe? Así Abraham creyó a Dios y le fue contado como justicia. Por consiguiente, sabed que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. Galatas 3: 1-7.

Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa. Galatas 3: 27-29.

Pero ahora que conocéis a Dios, o más bien, que sois conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis otra vez a las cosas débiles, inútiles y elementales, a las cuales deseáis volver a estar esclavizados de nuevo? Observáis los días, los meses, las estaciones y los años. Temo por vosotros, que quizá en vano he trabajado por vosotros. Galatas 4:9-11.

Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud. Mirad, yo, Pablo, os digo que si os dejáis circuncidar, Cristo de nada os aprovechará. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley. De Cristo os habéis separado, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído. Galatas 5:1-4.

En resumen, la genuina descendencia de Abraham es espiritual, no biológica, e incluye a todos los cristianos, sin importar su etnia, sexo o condición social.

Como dije, a medida que la iglesia se separó de la sinagoga y creció el número de creyentes provenientes del paganismo, la amenaza de los judaizantes se fue atenuando e incluso desapareció.

Es decir, desapareció… hasta el siglo XX. Y desde entonces se ha tornado más grave.

Los nuevos judaizantes

Desde hace algún tiempo, y de manera progresiva, algunos hermanos e incluso congregaciones – principalmente pentecostales – han desarrollado una poderosa atracción hacia todo lo que les suene judío.

Como los judaizantes de antaño, los modernos a menudo adoptan una actitud de superioridad espiritual, como si sus prácticas fueran más consistentes con la enseñanza bíblica que la de los demás cristianos.

Varios factores han contribuido al auge de la judeofilia evangélica. Entre ellos habría que citar:

La escatología dispensacional, novedad teológica que, desde el siglo XIX, enseña que Dios tiene propósitos diferentes y separados para la nación de Israel y para la iglesia de Cristo.

El establecimiento en 1948 del moderno Estado de Israel, una socialdemocracia nominalmente laica que se sostiene por medio de la política y las armas, pero considerado una “señal de los tiempos” por los judaizantes.

Una interpretación de las profecías del Antiguo Testamento que no tiene en cuenta la revelación del Nuevo Testamento.

Un deseo carnal de parecer más devoto o espiritual que el resto de los cristianos.

Un atractivo por la liturgia y prácticas de los judíos mesiánicos, es decir, cristianos doctrinalmente ortodoxos que realmente provienen de un trasfondo judío y retienen algunas costumbres que, sin embargo, no desean imponer a otros cristianos.

Un desordenado anhelo de novedades y de una identidad distintiva que los destaque del resto de los creyentes.

Y desde luego, todo arraigado en la influencia satánica generadora de división y confusión.

Principales características: el síndrome judaizante

La siguiente lista tiene una intención orientativa. Algunas de estas características, como la escatología dispensacional y la observancia del sábado, ciertamente existen en congregaciones que no son judaizantes. Pero la asociación de varias de estas actitudes sugiere lo que yo sugiero llamar el “síndrome judaizante”.

Tendencia a mezclar doctrinas y prácticas judías y cristianas, incluso algunas que son contradictorias (sincretismo). Por ejemplo, guardar el sábado en lugar del domingo.

Inclusión de vocablos hebreos o que suenan como tales en la predicación y en la conversación, como si esto fuera más próximo al cristianismo original.

Escatología futurista y milenarista, según la cual hay un propósito especial de Dios para la moderna nación de Israel y otro propósito diferente para la iglesia.

Uso de elementos litúrgicos judíos, como la menorá (candelabro de 7 brazos), el talit o manto, el kipá (gorrito), el shofar (cuerno de carnero) y, por supuesto, el mogen David o estrella de David (que no es un símbolo del Israel bíblico, sino de la moderna nación israelí).

Uso de música y danzas de la tradición judía tardía, como si fuesen más cristianas que otras formas musicales o danzas.

Firme creencia en que la tierra de Palestina, prometida a Abraham y conquistada por Josué hace más de 35 siglos, es una posesión perpetua de la nación de Israel independientemente de las circunstancias históricas.

Reverencia casi idolátrica a la moderna nación de Israel, como si tuviese un papel especial en el plan de Dios. Con extrema sensibilidad a cualquier crítica que se le haga a ese país, por justificada que sea.

Legalismo en las observancias alimentarias, diezmos, observancia del sábado y otras fiestas judías. Curiosamente, no parece que insistan mucho en la circuncisión, que era el tema principal para los judaizantes del siglo I.

Desviaciones doctrinales importantes, en particular con respecto a las doctrinas fundamentales de la Trinidad y la justificación por la fe.

Cuestionamientos según los cuales el Nuevo Testamento ha sido adulterado por ignotos antisemitas. Llegan a cuestionar no solo la interpretación, sino el propio texto neotestamentario.

Cabe aclarar finalmente que, como bien nota César Vidal Manzanares, muchos de estos modernos judaizantes creen por ignorancia que siguen prácticas del Antiguo Testamento, cuando en realidad incorporan costumbres del judaísmo de la era cristiana. Por ejemplo, la forma en que guardan el código alimentario y el calendario de fiestas se corresponde con el que fue estipulado en el Talmud (completado hacia el siglo V d.C.). Otro ejemplo es la costumbre tardía de los varones judíos de cubrirse la cabeza para orar, cuando en el primer siglo tal práctica era ofensiva (1 Corintios 11: 4, 7).

Por otra parte, a la inversa estos modernos judaizantes no realizan prácticas que sí son estipuladas en la Ley de Moisés, como el levirato (Deuteronomio 25: 5-10) y muchas otras.

Creo que no hay mejor forma de concluir este escrito que con las advertencias del apóstol Pablo a los colosenses (Colosenses 2: 8-12; 16-19):

Mirad que nadie os haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo. Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en Él, y habéis sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad; en Él también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo; habiendo sido sepultados con Él en el bautismo, en el cual también habéis resucitado con Él por la fe en la acción del poder de Dios, que le resucitó de entre los muertos.

(…)

Por tanto, que nadie se constituya en vuestro juez con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo; cosas que solo son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo. Nadie os defraude de vuestro premio deleitándose en la humillación de sí mismo y en la adoración de los ángeles, basándose en las visiones que ha visto, hinchado sin causa por su mente carnal, pero no asiéndose a la Cabeza, de la cual todo el cuerpo, nutrido y unido por las coyunturas y ligamentos, crece con un crecimiento que es de Dios.

Las citas bíblicas provienen de La Biblia de las Américas © The Lockman Foundation.

Originally posted 2023-08-30 09:43:18.

Alejandro Villegas
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