Reflexiones

LEY MORDAZA DE LA NO DISCRIMINACIÓN A LA PERSECUSIÓN

La Verdad Ahora
Written by La Verdad Ahora

Quienes tenemos un poco más de años, como el que escribe estas líneas, recordamos que la primera reforma a la Constitución de 1980, propuesta por el entonces Presidente Pinochet, fue la derogación del artículo 8°.
Hagamos un poco de historia para quienes aún no estaban en este mundo, o eran tan pequeños que no se enteraban lo que ocurría en la vida política del País.

¿Qué decía ese artículo?

“Todo acto de persona o grupo destinado a propagar doctrinas que atenten contra la familia, propugnen la violencia o una concepción de la sociedad, del Estado o del orden jurídico, de carácter totalitario o fundada en la lucha de clases, es ilícito y contrario al ordenamiento institucional de la República. Las organizaciones y los movimientos o partidos políticos que por sus fines o por la actividad de sus adherentes tiendan a esos objetivos, son inconstitucionales”.

¿Y por qué se suprimió?

El Mensaje presidencial, con fecha del 1° de junio del 89’, aclaraba la razón de la propuesta de su derogación: “(…) a fin de dejar en claro que el precepto no apunta a ideas como tales, sino que el sentido de la normativa constitucional es el de asegurar un verdadero, responsable, y leal pluralismo político”.

Obviamente que el Mensaje no hacía ninguna alusión a que este artículo era el más criticado por todas las izquierdas de la época, por ser considerado de carácter dictatorial y anti democrático.

Hasta aquí un breve resumen de la historia. Pasemos ahora a la crónica.

La semana pasada la Presidente Bachelet presentó un proyecto de ley que es, en la práctica, la reposición del artículo 8° de la Constitución del 80’; sólo que para imponer exactamente lo opuesto.

El proyecto de la Sra. Bachelet pretende: “castigar a quien públicamente, o a través de cualquier medio apto para su difusión pública, incite directamente a la violencia física contra una persona o grupo de personas ya sea por su raza, origen nacional o étnico, sexo, orientación sexual, identidad de género o creencias”.

Nótese lo amplio y vago de la tipificación del delito: “incitar a la violencia física por cualquier medio de difusión”. Para que Ud. pueda tener una idea de lo que los promotores de este proyecto consideran “incitación a la violencia física”, ellos mismos se encargaron de dar un ejemplo: “de haber estado aprobada esta norma, iniciativas como ‘El Bus de la libertad’ (…) serían sancionadas”, declaró el representante del lobby homosexual.

Ahora, si con esta ley no habría podido pasearse por las calles el mencionado bus, tampoco podría ser difundida ninguna doctrina o pensamiento que, de acuerdo al movimiento homosexual, sea considerado como “incitación al odio”.

Entonces, ¿quién podrá garantizar a un sacerdote que al leer en la epístola las enseñanzas de San Pablo sobre los sodomitas, “que no entrarán al reino de los cielos”, no sea igualmente denunciado como “incitador al odio”?

¿Y cuál será la garantía, para un padre de familia que se oponga a que su hijo sea deformado por la ideología de identidad de género en el colegio, sin ser acusado de “incitar al odio”?

En definitiva, ¿quién podrá pasearse tranquilo por la calle, si piensa que la familia debe ser sólo como Dios la constituyó y ha tenido la osadía de manifestarlo por algún medio, como por ejemplo éste que Ud. está leyendo?

¿Y cuáles serán las sanciones para quienes así “inciten al odio”?

El proyecto establece una pena de presidio menor en su grado mínimo (de 61 a 540 días) y multa de 30 a 50 unidades tributarias mensuales, o sea de un millón y medio a dos millones y medio de pesos. Nótese que las penas son acumulativas, o sea el “delincuente” -que podrá ser un sacerdote, o cualquier católico, o incluso un padre de familia no católico, pero que no quiere la corrupción de su hijo- deberá pasar casi un año en prisión y pagar un millón y medio, en el mejor de los casos.

¿Cree Ud. que alguien se atreverá a abrir la boca delante de esta amenaza?

Es claro que no. Y lo más absurdo del caso es que esta “ley mordaza” se presenta en nombre de la democracia y la tolerancia. Y, todos aquellos que protestaban contra el Artículo 8° de la Constitución del 80’, hoy consideran que esta ley es extraordinaria porque con ella: “fortalecemos la capacidad de Chile de construir, a través del diálogo democrático y respetuoso, un clima de diversidad e integración entre sus habitantes”, conforme declaración de la Presidente al presentar la iniciativa.

Uno pensaba que el cinismo tenía ciertos límites, pero después de ver esto, se da cuenta que el hombre “tiene sed de absurdo y de pecado”.

Por último, ¿cómo evitar la aprobación de esta ley?

Muy sencillo, cambiando el Congreso y eligiendo uno que realmente sea pro familia natural y cristiana. Y, para eso, desde ya movilizando a sus conocidos y amigos para que no se queden sin participar en las próximas elecciones y voten por quienes les den auténticas garantías.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile

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