El 31 de Octubre de 1517, Martín Lutero colgó un documento con 95 tesis de críticas a la Iglesia dominante de esos tiempos, en el templo de Wittenberg, Alemania, que dio lugar al inicio de la Reforma Protestante, con mucho debate y cuya motivación principal fue que la Iglesia volviera al verdadero evangelio.

Hoy, al cumplir 500 años de aquel histórico momento, debemos también comenzar a corregir lo que nuestra Iglesia Evangélica en Chile está haciendo mal y retomar la senda del verdadero evangelio.

He sido cristiano evangélico toda mi vida, y actualmente tengo el grado de Pastor Presbítero en la Primera Iglesia Metodista Pentecostal perteneciente a la Catedral Evangélica de Chile, y luego de mucha investigación, reflexión y oración, es que decido hacer mi parte en esta situación que afecta a nuestra Iglesia y a nuestro prójimo.

Temas como identidad de género y matrimonio igualitario, son proyectos de leyes que para algunos evangélicos resulta incómodo tratar.

Quienes buscan entrar en una relación con personas del mismo sexo, se han encontrado estigmatizados y excluidos por los evangélicos; lo cual es una tremenda injusticia y este proceder se encuentra alejado del carácter de Dios visto a través del ejemplo de amor y compasión que ensenó nuestro Señor Jesucristo.

Un cambio importante respecto a la aceptación de las personas sin importar su orientación sexual está ocurriendo en muchos países y ahora es el turno de Chile, y no podemos negar que es un tema difícil de tratar entre algunos evangélicos quienes por haber sido adoctrinados con muchos prejuicios, hoy les es difícil avanzar en este tema.

Como ciudadano de este país, siento la responsabilidad de enfrentar con el debido respeto y basado en las Sagradas Escrituras, a quienes se oponen a los cambios, porque veo que los principios de justicia, inclusión y reconciliación se encuentran claramente demostrados en el centro del mensaje de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Necesitamos una Iglesia que sea inclusiva y que ponga en práctica el real mensaje de Jesucristo; “el amor verdadero”.

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque “no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”. Evangelio del apóstol Juan, capítulos 3:17; y 12:47.

Luego de estudiar este tema en las Sagradas Escrituras durante largo tiempo, debo reconocer que los evangélicos hemos estado equivocados al menospreciar a quienes son parte de la diversidad sexual.

Apoyo firmemente que una relación entre dos personas que sea estable, permanente, amorosa, de respeto y fidelidad, jamás debe considerarse como un acto de pecado y al contrario, debe considerarse como la única manera en que una relación entre seres humanos, logre ofrecer seguridad en la que el bienestar y el amor puedan prosperar.

Me he dado cuenta que la salud emocional, espiritual y física de la gente de la diversidad sexual y la de sus familiares, están en constante riesgo. Durante años, los evangélicos hemos visto y tratado a estas personas como parias y disimuladamente les empujamos fuera de nuestras organizaciones religiosas. Con esta errada actitud, les culpamos por quienes son, y negamos el derecho a una bendición en sus relaciones, en sus compromisos fieles y les hacemos dudar de si son o no, hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza.

Hoy, al cumplir 500 años del inicio de la Reforma Protestante, hago un llamado a todo creyente en Dios, para que dediquemos nuestro mayor esfuerzo en conocer y poner en práctica los valores y principios de la justicia y del amor que Jesucristo vino a enseñar.

En el Evangelio de Mateo capítulo cinco, encontramos un mensaje de inclusión y de gran amor conocido también como el Sermón de las Bienaventuranzas, enseñanza que es muy diferente a la actitud sin misericordia que han usado algunos evangélicos con las personas de la diversidad sexual.

En nuestras Iglesias hemos aprendido a aceptar como integrantes de nuestras comunidades a gente divorciada y que se han vuelto a casar, lo cual hasta hace pocos años considerábamos que era una aberración, sin embargo y gracias a Dios, ya nadie hace problema por esto.

Resulta asombroso ver lo tolerante que fue Jesús con las personas y grupos marginados de su tiempo: mujeres, cobradores de impuestos, samaritanos, prostitutas, enfermos, extranjeros, etc… Hasta llegó a comer y beber con ellos.

La tolerancia de Jesucristo con todo ser humano llegó a escandalizar a los fanáticos religiosos de su tiempo, sin embargo a El nada le importó aquellos prejuicios y a pesar de las condenas de muchos, manifestó gran respeto y amor hacia todos sus semejantes.

Jesús enseñó que su Dios Padre que está en los cielos no hace diferencias y hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos (Mateo 5:45).

Como evangélicos debemos intentar ser imitadores de Dios Padre tal como Jesucristo enseña, y para lograr ese objetivo, tenemos que aceptar a aquellos seres humanos que son diferentes a nosotros y que tienen gustos diferentes, sin humillarlos ni pretender cambiarlos, y mucho menos en nombre de Dios.

Algunos evangélicos posiblemente no estarán de acuerdo con mi teología o hermenéutica bíblica con la que afirmo esto. Pero aun así, creo que nuestra Iglesia Evangélica en Chile no puede permitirse el lujo de seguir tratando este tema bajo una máscara de hipocresía y coartando los derechos a la gente LGBTI.

Personas de la diversidad sexual están en las congregaciones evangélicas, y muchos de ellos y ellas sufren por no poder manifestar quienes realmente son por miedo al rechazo de sus “hermanos y hermanas”, es por esto que invito a Pastores y Obispos, a crear instancias de diálogo respetuoso para comenzar a abrazar y dar cabida en las congregaciones Evangélicas de Chile a estos seres humanos, al igual como ya hemos aceptado a los divorciados, a las parejas que conviven sin estar casados, y a los padres y madres solteras.

Dios ama a todos, y entre tantos millones de seres humanos en este mundo, también está la gente LGBTI. Dios ama a todos por igual y este gran Dios no hace acepción de personas (Efesios 6:9; Hechos 10:34).

Muchos de quienes quieren ser felices con la naturaleza que Dios les otorgó, han sido expulsados de sus hogares, otros se han escondido, muchos han sido golpeados, y otros han sido ridiculizados por la Iglesia Evangélica.

No es posible vivir una vida con miedo por ser quienes son, por ser como Dios los hizo.

Por mi parte, seguiré las enseñanzas de Jesucristo y trabajando sin temor por predicar la verdad que Él nos dejó.

Invito a mis hermanas y hermanos evangélicos a que apoyemos a quienes impulsan iniciativas y programas que reconocen la igualdad y la no discriminación entre nuestro prójimo, con el objetivo de terminar con la exclusión que viven miles de chilenas y chilenos, construyendo así un país inclusivo, diverso y con mucho respeto para todos sus habitantes independiente de su orientación sexual e identidad de género.

Hechos 10:28 Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo.

Uno de los textos que más predicamos en las calles y en nuestros templos es; Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”.

“Todo aquel” es inclusivo! Simplemente así, no importa si eres gay o no, blanco o negro, hombre o mujer. Lo que importa es si crees o no en Cristo Jesús.

Jesucristo vino a dar libertad, a dar vida, observando siempre la realidad de la persona que vive oprimida, con el fin de ayudarla. En eso consiste el verdadero evangelio.

Muchas gracias.

Jorge Trincado Villalón

Publicado originalmente en :

http://ciperchile.cl/2017/10/30/pastor-de-la-catedral-evangelica-pide-mas-apertura-en-temas-valoricos/