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David Hormachea y su cruzada contra la ideología de género

La Verdad Ahora
Written by La Verdad Ahora

David Hormachea es, probablemente, el evangélico chileno más influyente en el mundo de habla hispana. Radicado hace 20 años en Estados Unidos, es autor de 16 libros, y diariamente más de 800 estaciones de radio cristianas transmiten su programa a una audiencia potencial de un millón de personas. Hoy, dice, está listo para usar esa influencia para modificar las costumbres cívicas del pueblo evangélico, que históricamente ha visto a la política como un lugar de pecado. Este es la historia de como un pastor puntarenense de 65 años -creacionista, enemigo de la ideología de género y fanático de FOX News- espera despertar al “gigante dormido” para las próximas elecciones presidenciales de Chile.

 

Hay algo que, a sus 65 años, el pastor David Hormachea ha escuchado más de una vez. “Veo algo especial en ti”, le dijo su padre, ministro pentecostal, a los 15 años cuando le pidió que comenzara a predicar. Se lo dijo también un subcontratista de ENAP, al ofrecerle un puesto como auditor en Ecuador, cuando sólo tenía 21 años. Se lo han repetido pastores, parejas al borde del divorcio que conoció durante sus viajes y ministros por todo el mundo.

Se lo han dicho tanto y tan consistentemente, que pareciera que el pastor David Hormachea, cuya profesión es acercar la palabra de Dios, lo cree.

“Tengo el convencimiento de que a mis 65 años quiero hacer algo más por mi país”, dice.

Probablemente, David Hormachea es, como él mismo reconoce, el evangélico chileno más influyente en el mundo. Ha escrito 16 libros de asesoramiento familiar como “Cartas a mi amiga maltratada” (1999), “La mujer: sus tensiones y depresiones” (2008) y “El adulterio, ¿qué hago?” (2009), y su programa radial “Principios” es transmitido por 800 estaciones de radio cristianas en América Latina, España y EE.UU.

Su viaje para lograrlo ha sido, al menos, particular: tras graduarse como contador auditor en el Liceo Comercial de Viña del Mar, dejó Chile -un mes luego del Golpe de Estado- para trabajar en la industria petrolera en Ecuador, pero terminó por convertirse en uno de los locutores de la radio evangélica más sintonizada en América Latina, la HCJB de Quito, “La voz de Los Andes”.

Entre medio, trabajó como indocumentado en Ecuador, cursó estudios en el Bible Institute de Los Angeles -institución cristiana que en 2001 lo nombró Doctor Honoris Causa en “Divinidades”- y, claro, comenzó las conferencias internacionales que hoy lo llevan a presentarse ante 40 mil personas cada año.

Mientras crecía en su natal Punta Arenas, ciudad de la que hoy es hijo ilustre, el quinto de los 11 hermanos Hormachea también vivió las contradicciones propias de una estricta familia pentecostal: soñaba con tener unos zapatos de fútbol, a pesar de que sus padres le tenían prohibido practicarlo y, en sus ratos libres, escuchaba música no cristiana a escondidas. Admiró a los Beatles –por años intentó domar su pelo crespo al estilo de los de Liverpool-, hasta que John Lennon aseguró que la banda inglesa era más grande que Jesús.

Su desembarco en la discusión política chilena plantea una pregunta. ¿Puede un solo pastor movilizar al voto al 18% de la población en Chile que se declara evangélica?

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Hace un par de semanas, el pastor Hormachea ganó notoriedad en la discusión política en Chile, al publicar un video donde llamó apoyar a Manuel José Ossandón en las elecciones primarias. En el video, que luego fue subido a las redes sociales del senador, instó a la comunidad evangélica y católica a “elegir autoridades que estén más de acuerdo con nuestros valores bíblicos y al servicio de Dios, para cumplir el propósito específico de castigar a los que hacen lo malo”.

“Lo malo”, en este caso, abarca un espectro tan amplio como diverso. Hormachea aborrece la ideología de género, pero se considera un defensor del feminismo y la lucha por erradicar la violencia de género. Cree en el cambio climático -aunque considera absurdo el fatalismo con el que se ha enseñado-, pero pone en duda la Teoría de la Evolución de Darwin. Y afirma que el paso del Bus de la Libertad por Chile logró que “la sociedad se diera cuenta que el gigante estaba dormido, pero es grande”.

En este caso, el gigante del doctor Hormachea es la comunidad evangélica y católica, a la que apunta como un factor determinante en la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. “En EE.UU había un gigante dormido, que era el pueblo evangélico, la clase media de este país, que por años creyó las ofertas de los demócratas. Pero por primera vez, hasta universidades cristianas que antes se oponían al voto –como la Liberty University – apoyaron a Trump”.

— ¿Qué hizo que decidiera comenzar a incidir en política?
— Primero, porque existe esta errónea idea de que el cristiano que participa en política está rompiendo los valores bíblicos, o que la política es sucia. Y no: lo que hay son políticos sucios, como hay sacerdotes y abogados sucios. Dentro de nuestra fe, hay personas que sólo quieren batallas espirituales, que existen, pero que creen que es Dios quien pone y quita gobernantes.

“Hay cristianos que, como la historia de Jerichó y el pueblo de Israel, pretenden rodear la casa de Gobierno de Chile, dar siete vueltas por siete años, y ver caer los demonios que están adentro. Pero yo les digo que es un acto de inmadurez ir a reprender los demonios que están adentro de La Moneda, cuando fueron ellos mismos que con sus votos los pusieron ahí”, afirma.

— Entonces, la lucha está en convocar al voto.
— Durante la última elección presidencial muchos evangélicos prefirieron votar por Michelle Bachelet, y no por Evelyn Matthei, que tiene más valores parecidos a los cristianos, sólo porque ella decía garabatos. Esa fue la diferencia para algunos, pese a que Bachelet está en contra de todos nuestros valores. Es como si el lobby homosexual votara por Manuel José Ossandón o José Antonio Kast.

— Recientemente, para las primeras, usted llamó a votar por Ossandón.
— Cuando pedí que la gente votara por él, fue un golpe tremendo. Pero lo hice bien pensadamente, quería crear esta controversia. Como líder de opinión de un pueblo al que amo y que necesita mayor instrucción, creo tener también la responsabilidad de enseñar a defender nuestra posición, bíblica y profesionalmente.

— Me llamó la atención la frase que utilizó en uno de sus videos sobre el Bus de la Libertad, donde dijo que la sociedad chilena se dio cuenta que existía un “gigante dormido”.
— Tenemos que despertar al gigante dormido, y tenemos que hacerlo uniendo nuestros valores. Si los católicos y los evangélicos de Chile, votaran su fe, nunca tendríamos un gobierno liberal moral. Lo que pasa es que la mayoría católica no vota su fe. Entonces, despertar al gigante dormido no es despertar a un gigante que salga a insultar ni patear, como un pastor Soto. No estamos hablando de locuras. Que se despierte un gigante dormido, es que este empiece a luchar por sus valores y principios.

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A los 15 años, el padre de Hormachea decidió que su hijo debía comenzar a predicar en el templo. “Muchos de los predicadores nacimos en ese sistema: si el pastor veía habilidades en ti, debías empezar a enseñar a otros”, rememora.

Su familia había llegado a Punta Arenas desde Valdivia en 1951. Lino Hormachea, oriundo de Corral, había sido enviado allí junto a su esposa, Norma Chicuy, para fundar un templo en la ciudad. Él había llegado hasta sexto básico, ella, a segundo. “No sabían griego ni hebreo, pero tradujeron la biblia a sus vidas”.

Además de la estricta educación que recibió, Hormachea recuerda al menos dos grandes factores que marcarían su vida como pastor. Cuando tenía 10 años, al mismo tiempo que se escapaba para jugar fútbol a escondidas y sufría de bullying en el colegio –“me molestaban por flaco y canuto”-, Hormachea se interesó por la radio.

“Escuchaba en un viejo receptor de mi padre, esos de onda corta, y sintonizaba la BBC de Londres, la Voz de los Estados Unidos de América, una radio de Rusia cuyo nombre no recuerdo. Y escuchaba también la estación cristiana HCJB de Ecuador, ‘La voz y ventana de Los Andes’”, recuerda. “Me gustaban los locutores que tenían, se notaba que eran mucho más preparados que los que había en Punta Arenas”. Años, después, Hormachea tendría dos programas en la misma emisora.

El segundo factor, dice, fue la lectura. “Una de las primeras personas que me regaló un libro fue mi profesor de la escuela dominical, Alfredo Acuña, un suboficial en retiro de la marina chilena, y uno de los escribientes del almirante José Toribio Merino. Él me enseñó a amar la lectura, a Dios y al país. Fue una gran influencia en mi vida” reconoce hoy Hormachea.

Por eso, cuando su padre le encomendó comenzar a predicar, David se sintió preparado para la tarea. Pero su debut en el púlpito no fue un éxito. “Siempre digo que mi primer sermón se tituló lágrimas, porque no hablé nada, sólo lloré”, recuerda.

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“Hoy tenemos pocos periodistas”, es otra de las críticas del pastor Hormachea. “Existe una prensa, como dice bien Trump, ‘fake news’”. La Universidad de Harvard comprobó que más del 90% de las noticias de CNN eran anti Trump. Y es que casi todos los canales tienen a personas liberales morales. Es un alivio meterse a Fox y escuchar el otro lado por lo menos. Pero ustedes en Chile no tienen Fox, tienen CNN”.

— Bueno, digamos que en Chile hay otros medios que uno podría llamar conservadores.
— Ya, yo creo que hay. Pero muy pocos comparados con el mundo liberal moral. Entonces, las noticias son manejadas, el periodista carga a su lado. Mira lo que pasa en Chile, muéstrame programas donde haya un periodista conservador, o un presentador de matinal con valores cristianos o católicos. Todo tiene que ver con el mundo liberal moral Es un programa mundial, lamentablemente.

— ¿Un programa mundial orquestado por quién?
— Por el liberalismo moral. Lo que pasa es que este liberalismo, o el neoizquierdismo, es una nueva religión. Tiene un dogma, tiene ministros, tiene un sistema de comunicación, se enseña un tipo de ética, se adoran diferentes cosas, hay autoridades, un sistema mundial, se busca conquistar a otras personas. El sistema neoizquierdista es una religión donde el hombre es Dios.

— Dicho así, suena como si hubiese una especie de liga de la maldad, con villanos que se reúnen en un cuartel en un pantano. Cosa que, digamos, no existe.
— Claro, estoy de acuerdo. No hay súper héroes. Pero hay sistemas que se van encadenando el uno con el otro. Nace el feminismo, que cuando va por defender los derechos de una mujer, con todo gusto. Pero cuando lo llevas al extremo, es malo.

— ¿Cuál es el extremo del feminismo?
— La ideología de género.

— ¿Y qué feminismo sí sería bueno entonces?
El que defiende el derecho de la mujer a tener sueldos justos, a no ser maltratada, a tener las mismas oportunidades y el que consiguió su derecho a voto. El feminismo que defiende esos derechos de la mujer, sin entrar en las ideologías, es una buena lucha.

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Sobre los límites entre la fe y la labor de gobernar un Estado, Hormachea no duda: “Yo sé qué me van a decir, que la fe no debe llevarse a la esfera pública. Pero yo nunca había escuchado algo más ridículo que eso. Es decir, si yo tengo una fe, y no la aplico en mi moralidad, en mi forma de establecer leyes, en mi forma de luchar contra la pobreza o en tratar a mi esposa, mi fe no sirve”.

— Pero que un Estado esté asociado una religión, sea cual sea, ¿no perjudicaría contra el bien común, eventualmente?
— Es que eso es distinto. Yo no estoy de acuerdo con que el Estado tenga una religión. Pero no se puede impedir que las creencias que tiene en su mente un individuo, no influencien su forma de actuar. Los legisladores conservadores votarán su conciencia, y los liberales morales votarán la suya.

— Pero quienes usted llama liberales morales, buscan igualar un derecho que sí tiene una parte de la población, la heterosexual. Pero en cambio, hay otro grupo que busca coartar ese derecho a los demás.
— Sí, pero depende de qué se defina como derecho.

— ¿Tienen derecho dos personas del mismo sexo a unirse civilmente?
— Claro, tienen derecho a unirse. Pero la Constitución Política del Estado dice que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. ¿Por qué hay que cambiar eso, si se pueden unir legalmente? ¿No es un ataque a la otra fe? Hay otras instancias de la ley que les permiten unirse.
El problema es que hay que ir al fondo de la ideología. Hablar de la unión es hablar de los frutos, pero si vamos a la raíz de la ideología de género, vamos a ver algo diferente. Y la meta no es lo que vemos hoy. La meta que hoy han conseguido, no era la meta de 10 años atrás.

— ¿Cuál es la meta de la ideología de género?
— Es llegar a una sociedad contrasexual, una en donde se permite lo que la persona desea. Porque ¿qué derecho tendría hoy el heterosexual de oponerse a los derechos de los homosexuales? Luego, ¿qué derecho tienen los homosexuales a que no se respeten los derechos de los bisexuales? Luego los bi de los polisexuales, y al final, ¿qué derecho tendrían ellos de oponerse a quienes creen en el incesto? De acuerdo a la ideología de género, esto nunca terminaría.

— ¿Qué significa para usted el concepto de contrasexual?
— Que va contra la sexualidad natural, que permite cualquier conducta sexual. Que enseña que el ano es un órgano sexual. Que te empieza a enseñar cosas que ya se están haciendo. En Suecia, por ejemplo, hay un partido político que quiere que se apruebe el incesto.

— Pero uno escucha eso, y se parece al mito de que en Canadá se está legalizando la zoofilia.
— No, puedes chequear esa noticia. Es decir, hay hechos concretos. Hace años, quién iba a pensar que los homosexuales iban a querer derechos para casarse. Lo que pasa es que cuando la ideología permite que cada persona, de acuerdo a sus ideas, elija lo que quiere, esto nunca terminaría. Por ejemplo, ¿por qué decir que la mayoría de edad se alcanza a los 18, y no a los 16? Bueno, porque alguien tiene que decir algo, poner un límite. De lo contrario, todo se puede.
Si es que obligan a nuestros niños a que aprendan aspectos de la ideología de género de forma obligatoria, ¿por qué no nos permiten a nosotros enseñar de la misma forma nuestro sistema de pensamiento? Si se permite enseñar en las escuelas la teoría de la Evolución –a la que nunca le han cambiado el título de la teoría-, ¿por qué no se permite enseñar creacionismo? ¿No sería justo?

— ¿Usted no cree en la teoría de la Evolución de Darwin?
— No. Creo que hay cosas que evolucionan, pero no creo en que todo lo hace. Lo que pasa es que el liberalismo moral siempre lleva todo a los extremos. Yo creo en el calentamiento global, pero no creo en la forma en cómo lo están enseñando. Por ejemplo, no creo que sea la causa de que existan extremistas, como lo dijo un vicepresidente de los Estados Unidos. Yo no puedo creer que una persona piense eso, como tampoco creo que el calentamiento global sea la causa de la pobreza. Lo que pasa es que llevan las cosas al extremo. No te olvides que hay científicos de los dos lados: liberales morales, ateos, y cristianos.

“El problema”, afirma Hormachea, “es que el liberalismo moral es muy emocional. De acuerdo a cómo te sientes, puedes elegir tu sexo. Oye, ¿sabe elegir un niño de dos años su sexo? ¡Si no sabe ni orinar!”.

“Hay dos lados que hay que escuchar. Mi problema es cuando se van a los extremos”, dice.

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Según Hormachea, su incursión en la política le significó una pérdida de seguidores. “Hay gente que me ha dicho, ‘Doctor, yo lo he escuchado por 20 años. Por usted dejé de maltratar a mis hijos, pude restaurar mi divorcio, o dejé de ser una mujer maltratada; cosas así. Pero como se puso a enseñar de política, no me lo voy a escuchar nunca más’. Y yo pienso, ¿qué pasó? ¿Cómo es posible que por años confíen en un hombre para que le ayude a educar a sus hijos, en su matrimonio, en su sexualidad –porque no había cursos de sexualidad en nuestras iglesias-, y ahora se enojen cuando uno hablaba de política?”, dice.

Hormachea ya anunció que visitará Chile durante las dos primeras semanas de noviembre. “Allí apoyare a los candidatos cristianos que cumplan los requisitos bíblicos que he citado”, sostuvo en uno de sus videos.

“Para mí es esencial que elijamos, entre los candidatos más cercanos a nuestra posición, al candidato con mejores proyecciones para ganar. Es una pérdida del voto ir por un candidato que puede tener todas nuestras coincidencias, pero que no tiene posibilidades de ganar”, afirma.

— Ahora que Ossandón no está, ¿con qué candidato siente más afinidad?
— Hablemos de dos lados, no quiero mencionar nombres ahora. Los candidatos de la izquierda, que están hasta este momento más proyectados, son personas que están a favor de la ideología de género, del matrimonio homosexual, y que quieren –y esto es lo más peligroso- una ley antidiscriminación mucho más dura y con más detalles. En Canadá, hay que tener cuidado con el pronombre personal que usas. Las leyes antidiscriminación entran a una locura, un extremismo que no puede ser.

“No puede ser que lleguemos a esos extremos, donde uno tenga que decir ‘niños y niñas’, ‘hermanos y hermanas’, o “’chilenes’. Estoy de acuerdo con que respetemos los derechos de todos: las personas del lobby homosexual y la ideología de género tienen derecho a tener uniones civiles, a adoctrinar a su gente, a mantener reuniones privadas, a convencer a otras personas de sus ideologías; igual que nosotros. El problema es cuando se meten en mis derechos”, sostiene.

— ¿Qué opina del candidato de la derecha, Sebastián Piñera?
— Creo que el presidente Piñera hizo un muy buen trabajo durante su gobierno, pese a las circunstancias. Estoy examinando sus posiciones en los asuntos morales que más nos interesan. Lo he notado aparentemente con dos posiciones con respecto a la adopción de niños por parejas homosexuales y es un candidato con defectos y fallas como todos, pero por lejos es más cercano a nuestros valores que los candidatos de izquierda.

Fuente: http://www.theclinic.cl/2017/07/23/david-hormachea-cruzada-la-ideologia-genero/

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