Reflexiones

UN APOYO BIBLICO A NUESTRA HERMANA MARCELA ARANDA – David Hormachea

La Verdad Ahora
Written by La Verdad Ahora

Los cristianos y sus hijos: Desafíos y verdades

Por. David Hormachea

“Si para vivir, enseñar y defender los valores bíblicos es esencial que seamos padres sin pecados y que tengamos hijos que sólo eligen la moral cristiana y nunca elijan rebelarse contra los principios divinos, ninguno de nosotros podría hacerlo.”

Ante las consultas que he recibido de pastores que desean tener una respuesta bíblica por las consultas que reciben debido a la situación que está viviendo nuestra hermana Marcela Aranda, comparto mi forma bíblica de ver toda situación o una como la que vive nuestra hermana. Nuestra primera respuesta debe ser la oración. Debemos recordar que sólo ellos como padres conocen los detalles, desafíos, lo que han vivido, los sentimientos que experimentan y todo lo que han hecho para lidiar bíblicamente con la situación que les ha tocado vivir. Ellos conocen todo el apoyo que han dado a sus familiares y los procesos que como familia han vivido y no es nuestra atribución cuestionar o dudar de que han realizado esfuerzos serios para amar de la forma que ellos son amados por nuestro Dios. No tenemos por qué juzgar una situación que no conocemos.

Debido a que he recorrido América Latina y otras partes del mundo por muchos años y he estado en contacto con miles de personas. Debido a que viví en Chile 21 años, en Ecuador 15 años y en los Estados Unidos he vivido 25 años. Debido a que he conocido distintas culturas y he estudiado y conocido los más profundamente que he podido los países que he visitado. Debido a mi involucramiento en las redes sociales con personas de muchos países, puedo decir con toda libertad y creo que con gran certeza que una de las sociedades más crueles, es la sociedad chilena. He sido testigo y soy testigo de los ataques sin control y absolutamente groseros que muchas personas realizan. Tristemente esto también ha transcendido e invadido a algunos miembros de congregaciones y los ataques que realizan algunos cristianos o que dicen ser cristianos, son anti bíblicos y además crueles y basados en la ignorancia de la interpretación bíblica.

En estos días los ataques que ha recibido nuestra hermana Marcela Aranda han demostrado el doble estándar de algunas personas. Marcela ha sido tratada groseramente y catalogada de “loca” “homofóbica” y como una terrible madre. Sin duda la opinión pública se levantaría contra nosotros si los cristianos tratáramos de la misma manera a quienes no comparten nuestra ética bíblica. Nuestro deber como cristianos es responder siempre con gracia, sabiduría y bíblicamente y con energía cuando es requerido y prudente.

Los cristianos tenemos hijos humanos y pecadores igual que nosotros. Igual que muchos padres, mi esposa y yo hemos sufrido por nuestros pecados y por los pecados y rebelión de nuestros hijos. Dios nunca nos prometió que si somos padres buenos tendríamos hijos buenos. Dios nos ordena que seamos padres buenos independientemente de cómo resulten nuestros hijos. Nuestra meta no es tener hjos buenos pues nacemos pecadores. Nuestra obligación es conocer la ética bíblica, luchar por vivirla y enseñarla a nuestros hijos. Nuestra responsabilidad es entregarle todos los recursos éticos para que ellos tengan la posibilidad y los recursos para elegir convertirse en buenos hijos de Dios que aman al bien y rechazan el pecado.
Los cristianos somos seres humanos con virtudes y defectos y debido a que hemos sido salvados por Dios, estamos obligados a tener una ética totalmente diferente y criar a nuestros hijos basados en la moralidad absoluta. Esta no es una labor sencilla pues debido a que somos pecadores perdonados, nuestra naturaleza pecaminosa también desea deleitarse en el pecado.

Como padres, tenemos serios desafíos para criar a nuestros hijos fundamentados en los mismos valores que Dios nos exige a nosotros. La realidad nos indica que, si es difícil para nosotros cambiar toda nuestra ética y vivir en santidad, es mucho más difícil para nuestros hijos pues, aunque asistan a un templo, no todos son cristianos genuinos ni desean vivir conforme a nuestra moralidad. Nuestro desafío es conocer la moralidad bíblica profundamente para poder practicarla. Nuestro siguiente desafío es aplicarla diariamente a nuestra vida e ir cambiando todas las áreas de nuestra vida, todas las costumbres, actitudes y palabras que no están de acuerdo con la ética bíblica. Nuestro tercer desafío es enseñar a nuestros hijos esas verdades que amamos y luchamos por practicar. Sin embargo, esto de ninguna manera garantiza que nuestros hijos serán cristianos o que elegirán un estilo de vida cristiano o que se convertirán en cristianos maduros y que por ello realizarán una profunda transformación de sus vidas.
Para enfrentar estos difíciles desafíos debemos recordar algunas verdades que nos ayudan a poner los pies sobre la tierra y cumplir nuestra labor con responsabilidad y a la vez, dejar que Dios sea quien se encargue de los aciertos y errores de nuestros hijos.

Primero. Debemos recordar que todos los que defendemos la fe y los valores cristianos recibiremos ataques certeros de quienes odian nuestra fe, especialmente cuando descubren alguna de nuestras fallas y pecados, y si no encuentran faltas graves en nosotros, las buscarán en nuestros cónyuges o nuestros hijos o familiares. Cuando encuentran fallas o pecados en nuestros familiares, intentarán crear culpabilidad para silenciarnos y que evitemos la lucha contra los pecados e inmoralidad que ocurren en la sociedad. No amar nuestros valores morales, no practicarlos es un acto de rebeldía y no defenderlos debido a que seremos atacados o que los enemigos de nuestra fe buscarán faltas para poder silenciarnos, es un acto de cobardía.
“Somos bienaventurados cuando recibimos ataques de quienes odian nuestra fe cuando ellos los han realizado sin tener razón para culparnos de pecados.”

Segundo. Los que defendemos la fe y atacamos la fallas que resultan de la moralidad relativa, no atacamos a las personas sino lo que la Biblia considera pecado. Nuestra identificación de lo que la Biblia considera pecado, nuestra oposición y batalla contra los estilos de vida que la Biblia considera pecaminosos tiene como fundamento nuestras convicciones morales bíblicas y creemos que debemos mantener nuestros valores y nuestra lucha amorosa, aunque los miembros de nuestra familia practiquen estilos de vida que nosotros creemos que la Biblia condena. Nuestras convicciones morales basadas en la ética bíblica no son situacionales y es nuestro compromiso cristiano hacer todo esfuerzo por vivir nuestra fe y los valores absolutos, aunque vaya en contra de nuestros propios gustos o estilo de vida y contra los gustos y prácticas de nuestra familia.
“Exaltamos la verdad y la defendemos y condenamos la maldad y luchamos por no practicarla, aunque debido a nuestra naturaleza pecaminosa a nosotros o a miembros de nuestra familia nos agrade.”

Tercero. Los cristianos nunca negamos nuestra humanidad ni nuestra naturaleza pecaminosa, y todos, aun los que defendemos la fe con pasión, podemos cometer errores y pecados. Nuestra lucha contra la maldad no es contra la maldad ajena, sino contra la maldad que es innata en el ser humano y que nos motiva a todos a vivir en contra de los estándares divinos. Los líderes no queremos proyectar que somos seres perfectos y debemos saber admitir nuestras fallas cuando realmente hemos fallado porque es un acto de sabiduría.
“No existe cristiano perfecto y que nunca cometa pecado, todos podemos fallar, pero también podemos evitar que el pecado nos llegue a dominar.”

Cuarto. Nuestros hijos también son seres humanos débiles y pecadores y pueden cometer errores y pecados, elegir la sumisión o la rebelión, escoger los mismos valores de sus padres o sus propios valores morales. Nuestros hijos, como todo ser humano, independientemente de lo sabia o necia que hay sido la crianza que otorgaron los padres, son personas independientes y distintas y puedes escoger profesiones que no nos agradan, estilos de vida que no hemos modelado o enseñado. Podemos tener hijos con problemas físicos, psicológicos, morales o espirituales y eso no opaca nuestra fe ni nos impide hablar de los valores bíblicos y defender la ética cristiana. Podemos tener hijos genios, necios, ladrones, honestos, esquizofrénicos, autistas, adúlteros, o hermafroditas y todos serán amados y nos relacionaremos con ellos bíblicamente. Nuestros hijos pueden escoger su estilo de vida basados en sus valores y pueden elegir ser parte de nuestras congregaciones o ser ateos, amantes de la ideología de género o de la homosexualidad y la elección de un estilo de vida diferente no necesariamente significa mala paternidad. Tampoco ese estilo de vida es un impedimento para seguir viviendo y defendiendo nuestra moralidad basada en la Biblia. Un médico que ha estudiado, cree en la ciencia, y lucha contra las enfermedades puede enfermarse o pueden enfermarse sus hijos y el a pesar de sus esfuerzos no pudo evitarlo ni sanarlos, no pierde la libertad de seguir ejerciendo su profesión, ni pierde su autoridad moral para seguir luchando contra las enfermedades. Tampoco nosotros perdemos nuestra autoridad moral para seguir luchando contra lo que la Biblia considera inmoral, aunque un miembro de nuestra familia viva contra la ética bíblica,
“Cuando nuestros hijos mayores de edad viven estilos de vida que la biblia no aprueba, tampoco nosotros los aprobamos, pero a pesar de ello, si los amamos. Hijos rebeldes también nacen de padres piadosos e hijos piadosos también nacen de padres rebeldes.”

Quinto. Los padres no somos responsables del estilo de vida de nuestros hijos mayores de edad, e independientemente de la calidad de vida que lleven, los pecados que cometan, debemos amarlos tal como Cristo nos ama a nosotros. Al imitar el amor de Dios debemos mostrar gracia para dar a nuestros hijos lo que no merecen, misericordia para no darles lo que merecen y justicia para darles lo que merecen y esta justicia son los actos de disciplina sabia y amorosa que confrontan los actos de rebelión. Mediante la disciplina, en casos de rebelión extrema, debemos separamos de los hijos que amamos para que escojan su estilo de vida y sufran las consecuencias de sus elecciones erróneas, pero aún la disciplina y la separación es resultado de nuestro amor.
“Los padres cristianos nunca dejamos de amar a nuestros hijos independientemente de los pecados que ellos cometan. Pero nuestro amor no solo se muestra mediante el apoyo y el cariño sin condición sino también mediante nuestra disciplina y exhortación.”

Sexto. Aunque como cristianos tenemos posiciones distintas, también distintas maneras de conducir nuestros ministerios y no estamos de acuerdo siempre en doctrina o formas, el respeto entre los líderes y todos los cristianos es esencial. Ningún líder debe hacer declaraciones públicas que hieran al cuerpo de Cristo y quienes seremos consultados, solo debemos responder si tenemos una posición bíblica, profesional, y amorosa sobre toda situación. A pesar de las diferencias o conflictos que se hayan dado con personas afectados por una experiencia dolorosa ningún cristiano debe chismear, burlarse, alegrarse o maltratar a quien está sufriendo justa o inocentemente por las elecciones erróneas o por los pecados personales o de algún miembro de la familia.
“En ninguna circunstancia en el ejército cristiano se le debe dar un tiro de gracia a quienes están heridos. Nuestro deber es orar por quienes sufren como si nosotros estuviéramos sufriendo y apoyar de la forma que ellos nos soliciten como si nosotros fuéramos las víctimas.”

Nuestra defensa de los valores cristianos nunca terminará. Aunque la mayoría de la sociedad elija valores anti cristianos, tenemos el deber de seguir viviendo como cristianos. Los valores bíblicos deben ser practicados pues no dependen de si la sociedad los aprueba, los demás los aceptan, si nuestros familiares los viven e incluso independientemente de si a nosotros nos gustan o no. Cada cristiano tiene el deber de continuar su compromiso de seguir viviendo los valores bíblicos, independientemente de si su cónyuge, sus hijos, sus amigos o los demás se opongan. Nuestro deber es seguir viviendo para la gloria de Dios y vivir para la gloria de Dios es vivir la ética bíblica de tal manera, en forma tan disciplinada y con tal santidad que algunos den gloria a Dios por la calidad de vida que vivimos. Debemos vivir luchando por comprender la ética bíblica, practicarla, enseñarla y defenderla de manera tan excelente que vivamos para la gloria de Dios, que vivamos agradando al Dios que nos salvó. Nosotros seguiremos orando por nuestros heridos en el campo de batalla y ayudándoles en todo lo que sea bíblico y saludable. Nosotros seguiremos luchando por la defensa de nuestros valores, aunque nadie más lo haga y aunque los próximos heridos seamos nosotros.
Jonatan Edwards dijo: “Se ha determinado que el hombre viva para la gloria de Dios, yo he determinado vivir para ella (la gloria de Dios) sea que los demás lo hagan o no.”

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